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Para Psicólogos, consideraciones sobre el diagnóstico

El objetivo de este trabajo tiene por intención dejar abierta ante los profesionales de la Psicología la cuestión de la complejidad de un diagnóstico, que no puede prescindir de pensar la problemática del paciente desde lo bio-psicológico ni de lo relacional-histórico-contextual. Y alertar también sobre una realidad del ejercicio profesional en salud mental.

El objetivo de este trabajo tiene por intención dejar abierta ante los profesionales de la Psicología la cuestión de la complejidad de un diagnóstico, que no puede prescindir de pensar la problemática del paciente desde lo bio-psicológico ni de lo relacional-histórico-contextual. Y alertar también sobre una realidad del ejercicio profesional en salud mental.

La intención es refrescar, alertar, abrir el debate, ya que cada vez más se escucha que Psicólogos Sociales hacen ejercicio ilegal de la profesión, empleando técnicas psicoterapéuticas con “pseudopacientes”.

Del mismo modo, muchas veces se escucha en supervisiones grupales, controles o congresos casos presentados por Psicólogos en los que se evidencia la falta de criterio para realizar diagnósticos.

Opino que como Psicólogos debemos asumir que no tenemos la formación suficiente para diagnosticar ciertos casos, esta es área específica del Psiquiatra, más allá de la formación que tengamos, de la experiencia, etc. Por ello es que es necesario el trabajo en equipo, la interconsulta.

De aquí se desprende la importancia de trabajar en equipo, derivar, realizar las consultas pertinentes a los profesionales especializados en las áreas “FOCALES” y emergentes del paciente, manejándonos siempre con criterios jerárquicos, donde lo primero que se resuelve es la URGENCIA, para luego poder empezar a trabajar psicoterapéuticamente.

Grosso modo: cuáles pueden ser uno de nuestros “Nortes” para orientar nuestro diagnóstico en el cosmos de una problemática. Mis “mapas internos” son manejarme sistemáticamente en el pivote de lo bio-psico-familiar-vincular-histórico-relacional.

Los sistemas familiares consolidan -a lo largo de su historia- lo que he denominado como “velo idiosincrático”. Este” velo idiosincrático” moldea estilos y formas de cómo enfrentar la vida, “resolver” los problemas, enfrentar situaciones cotidianas.

Hay “culturas”, idiosincrasias familiares patógenas. Estas se caracterizan por cimentar una impronta negativa en sus miembros cuando sus pautas delimitan –invisiblemente- formas de vivir encapsuladas, arrinconadas, frendas, donde la prospección hacia el futuro se realiza anclada en el pasado, sin permitir el intercambio entre lo nuevo, la fortaleza de un pasado que permita superarse a sí mismo sin negarse, sino en adaptarse hacia delante.

Estos sistemas, estos velos idiosincráticos anclados generan diferentes tipos de dificultades y patologías. Los entiendo como una especie de centrífuga que -en los nuevos integrantes del sistema familiar- van a modelar un conjunto de sensaciones, emociones, afectos, imágenes, ideas, sentimientos que imprimirá un modo de “cristal del color con que se vive”. Este patrón idiosincrásico permea la personalidad de los sujetos. Es un esqueleto, una estructura que se enraiza muy profundamente. Muchas veces, y sin saberlo, es por lo que el paciente luego accede a consultar. Por la distancia entre este “velo idioscincrático” que compele a repetir el accionar muy distante de lo que se desea en realidad.

El diagnóstico en Psicología reviste cuestiones muy complejas. Es indudable que un diagnóstico adecuado es vital (en sentido literal y metafórico) para el tratamiento de la persona que solicita nuestra ayuda.

Teniendo en cuenta esto se empieza a despejar el campo para tratar a los pacientes que –cada vez más- llegan al consultorio con sintomatología florida, que podría ser “reactiva”, resultado de situaciones contextuales, las cuales gatillan “problemáticas psicológicas”, reactivas a un determinado contexto disfuncional, resultado de una historia. O no, puede ser que nos encontremos con un cuadro que requiere discriminar mucho más allá.

Hay pacientes de los cuales tenemos que indagar su problemática, la que tiene que ver con estrictos patrones de enfermedad mental, intrínsecos al sujeto, intrapsíquicos. Suelen ser estos casos extremos, en el sentido de ser trastornos que están fuertemente determinados por cuestiones biológicas.

La vida presenta situaciones que -a veces- se sobrellevan con apoyo terapéutico, tales como crisis vitales del tipo adolescencia, casamiento, hijos, adolescencia de los hijos, separaciones, mudanzas, muertes, cambios escolares, pérdida de trabajo, etc., etc. etc.

Muchas cuestiones que aparecen en la consulta tienen que ver con que la situación crítica-coyuntural “desbordó” al paciente. Pero jamás se debe descuidar la fineza de un diagnóstico en profundidad, se debe estar alerta a detectar cuándo lo contextual podría estar enmascarando (a nosotros, Psicólogos) una patología de base que requeriría –de ser diagnosticada correctamente- otras estrategias psicoterapéuticas y/o psicofarmacológicas. Esto es sólo nuestra responsabilidad, y nuestra responsabilidad es la salud mental.

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